“La obra, caracterizada por un fuerte color ocre desértico y luces casi siempre del ocaso, busca “recuperar esos sitios icónicos de los que ya no se habla”, fundamentalmente en la localidad de Tabares, y responde también al gusto de su autor “por disfrutar de esos momentos con una luz tan especial” del sur.

Entre las doce fotografías que componen “Érase una vez en Almería”, en la que solo se avista a un hombre en una de ellas creando cierta sensación de ciudad fantasma, tres de las imágenes panorámicas construidas por varias instantáneas evocan el formato de una pantalla de cine.”

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